La Inmunidad y sus tipos

Inmunidad

La inmunidad es un estado en el que el cuerpo está protegido contra la enfermedad infecciosa.

Es conferido por el sistema inmunológico, una compleja red de células, tejidos y sustancias químicas que combaten infecciones y matan organismos cuando invaden el cuerpo.

La Célula T y la Inmunidad Mediada por Células

Las células T, también denominadas Linfocitos T, son un grupo de glóbulos blancos (leucocitos) responsables de la defensa del organismo contra agentes desconocidos (antígenos). Su papel principal es como inmunidad específica e inmunidad celular, induciendo la apoptosis (autodestrucción) de células invadidas por virus, bacterias intracelulares, dañadas o cancerígenas. Se diferencian de acuerdo con su función en: citotóxicas (CD8), auxiliares (CD4), natural killer (NKT), memoria (CD45), reguladoras (FOXP3) o gamma delta (γδ). Se maduran en el timo, por lo que se llaman linfocitos T.

Los Tipos de Inmunidad

Inmunidad innata

La inmunidad innata es la primera línea de defensa del organismo, con la que ya nace. Es una respuesta rápida, no específica y limitada a los estímulos extraños al cuerpo. Es representada por barreras físicas, químicas y biológicas, células y moléculas, presentes en todos los individuos.

Los principales componentes de la inmunidad innata son:

  1. Barreras físicas y mecánicas: Retardan / impiden la entrada de moléculas y agentes infecciosos (piel, tracto respiratorio, membranas, mucosas, fluidos corporales, tos, estornudo).
  2. Barreras fisiológicas: Inhiben / eliminan el crecimiento de microorganismos patógenos debido a la temperatura corporal ya la acidez del tracto gastrointestinal; se rompe las paredes celulares y lisam (rompe) células patógenas a través de mediadores químicos (lisozimas, interferón, sistema complemento);
  3. Barreras celulares: Endocan / fagocitan las partículas y microorganismos extraños, eliminándolos (linfocitos killer y leucocitos fagocíticos – neutrófilos, monocitos y macrófagos);
  4. Barrera inflamatoria: Reacción a infecciones con daños tisulares; que inducen las células fagocitarias hacia el área afectada.

La respuesta inmune innata es capaz de prevenir y controlar diversas infecciones, y aún puede optimizar las respuestas inmunes adaptativas contra diferentes tipos de microorganismos.

Es la inmunidad innata que advierte sobre la presencia de una infección, accionando así los mecanismos de inmunidad adaptativa contra los microorganismos causantes de enfermedades que logran superar las defensas inmunitarias innatas.

Inmunidad adquirida

La inmunidad adquirida o adaptativa es activada por el contacto con agentes infecciosos y su respuesta a la infección aumenta en magnitud a cada exposición sucesiva al mismo invasor.

Hay dos tipos de inmunidad adquirida: la inmunidad humoral y la inmunidad celular.

La inmunidad humoral genera una respuesta mediada por moléculas en la sangre y en las secreciones de la mucosa, llamadas de anticuerpos, producidos por los linfocitos B, siendo el principal mecanismo de defensa contra microorganismos extracelulares y sus toxinas.

Los anticuerpos reconocen los antígenos (cualquier partícula extraña al cuerpo), neutralizan la infección y eliminan estos antígenos por variados mecanismos efectores. Por su parte, la inmunidad celular genera respuesta mediada por los linfocitos T.

Cuando los microorganismos intracelulares, como los virus y algunas bacterias, sobreviven y proliferan dentro de las células huésped, siendo inaccesibles para los anticuerpos circulantes, las células T promueven la destrucción del microorganismo o la muerte de las células infectadas, para eliminar la infección.

La inmunidad adquirida todavía puede ser clasificada en inmunidad activa e inmunidad pasiva. La inmunidad activa es aquella que es inducida por la exposición a un antígeno.

Así, el individuo inmunizado tiene un papel activo en la respuesta al antígeno. La inmunidad activa puede ser natural, cuando se adquiere a través de una enfermedad, o pasiva, cuando se adquiere por medio de vacunas.

La inmunidad pasiva es la inmunización mediante la transferencia de anticuerpos específicos de un individuo inmunizado a un no inmunizado.

La inmunidad pasiva se llama natural, cuando ocurre, por ejemplo, a través de la transferencia de anticuerpos maternales al feto; es artificial cuando hay el paso de anticuerpos listos, como en un suero anti-ofídico (contra veneno de serpientes).

La respuesta inmune adquirida, mediada por los linfocitos B y T, presenta una serie de propiedades que administran la respuesta de estos. Son ellas:

  • Especificidad: el sistema inmunológico reconoce los diversos antígenos y produce una respuesta inmune específica para cada uno de ellos.
  • Diversidad: el sistema inmune es capaz de reconocer miles de antígenos diferentes y producir una respuesta adecuada para cada uno de ellos.
  • Memoria inmunológica: la exposición del sistema inmunológico a los antígenos hace aumentar su habilidad para responder a ese mismo antígeno nuevamente. Las respuestas subsiguientes al mismo antígeno son normalmente más rápidas, mayores y cualitativamente diferentes de la primera. Una vez producidas, las células de memoria tienen vida larga y son capaces de reconocer ese antígeno por años.
  • Especialización: el sistema inmune responde por vías distintas a diferentes antígenos, maximizando la eficiencia de los mecanismos de defensa. Así, los linfocitos B y T se especializan entre las diferentes clases de microorganismos o por las diferentes etapas de la infección del mismo microorganismo.
  • Discriminación o auto-tolerancia: capacidad de reaccionar que los linfocitos B y T presentan contra moléculas extrañas, pero no presentan contra sus propias moléculas.
  • Auto-limitación de la respuesta: las células B y T activadas producen moléculas que auxilian el término de la respuesta inmune. Para B son las inmunoglobulinas G4 (IgG4) y T son las interleucinas 4 y 10 (IL-4 e IL-10).

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